Mi lucha
Dicen que los millennials son la generación a la que más le cuesta realizar trabajos que antes eran considerados como de lo más normales. Nacer, crecer, reproducirse y morir. Los millenials luchan contra ello. Llueven los memes de "para qué nacía si..." y las páginas child free, con lo que demuestran que vivir les pesa.
Nací en 1984 (como el título de Orwell, me gusta pensar en ello) y soy millenial. Sufro como ellos, vivo como ellos, me relaciono como ellos. Los millenials tienen un vacío existencial que los baby boomers no, porque ellos lograron recomponer su pasado con su presente; los millenials, en cambio, han vivido con una libertad que las pasadas generaciones no tenían. Bauman en "El amor líquido" nos relata que esta liberación no da libertad, sino que da tristeza y angustia ante la institución amorosa que antes era sólida y ahora es líquida.
Los millenials no tenemos certezas ni seguridades. Reflejamos esta condición en nuestra forma de pensar y nos deprimimos. El estudio no cumplió con su promesa de darnos una mejor vida, sino que nos da la inseguridad laboral que no deseamos, pero cuando encontramos un trabajo estable, lo dejamos. Este auto-sabotaje también es parte del pensamiento millenial.
Queremos innovar y salimos aburridos. Una de las ideas millenial es vivir con amigos, en vez de formar una familia, rentar en lugar de comprar, porque no desean establecerse, viajar en lugar de comprar cosas sólidas. Los viajes y las salidas con amigos se pueden postear, la vida ligera y pasajera es la alabada y admirada. Vemos con recelo a aquellos que decidieron establecerse, quedarse con su esposo, tener hijos en vez de perrhijos y vivir de un sueldo estable que probablemente no les dé lo suficiente para vacacionar. Los vemos con odio y desprecio, pero en el fondo los envidiamos, porque quisiéramos ser tan simples como ellos.
La complicación es el marco teórico de la vida millenial, el relativismo y la posmodernidad, sus paradigmas. Quieren todo y no quieren nada. Los millenial se autodeterminan espirituales, beben ayahuasca o lamen sapos, pero desprecian la Eucaristía porque sería impensable comerse a su propio Dios. No quieren tener hijos pero adoptan mascotas como si fueran a extinguirse. Se quejan de no tener dinero, pero gastan casi a diario en cerveza o compras por internet. No tienen casa pero gastan sus ahorros en viajes. Viajar contamina porque los avines consumen mucho combustible, pero no usan popotes porque "pobres tortugas".
Son –somos– contradictorios, inmaduros, depresivos, pobres pero con privilegios, muy estudiados y muy ignorantes. Si ves a un millenial, no intentes comprenderlo, toléralo.
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