Fiestas decembrinas
Luego de las festividades navideñas, me queda una sensación de sosiego. Lo pasé con mi familia y la familia de mi novio. Las cenas por esta región geográfica suelen ser pavo, brisket, jamón, pozole y tamales. El sosiego que me queda obedece a la unión familiar que, aunque las familias nunca están completas en su totalidad, llena el corazón.
Esta navidad no hice grandes regalos. No es que a menudo los haga. Creo que la Navidad es para estar juntos y comer, platicar, compartir momentos especiales que en otra época no se dan. Es una época de esfuerzo. Queremos estar juntos, viajamos para encontrarnos, somos generosos con lo poco o lo mucho que tenemos.
También tomamos malas decisiones. A veces, en esta época nos deprimimos, optamos por agarrar el toro por la cola, que no por los cuernos. Nos arriesgamos a quedarnos sin dinero en los bolsillos por aparentemente hacer felices a los demás con cosas que solo nos van a servir un rato. O nos endeudamos para quedar bien. Otras veces nos obsesionamos con la idea de lo que hemos construido y nos deprimimos, alejamos gente que nos ama o en un afán de perfeccionamiento queremos dejar todo atrás, sin considerar los asuntos venideros.
Es una época tan feliz como difícil. Abundan los memes de pelear por herencias y terrenos, por echar a perder cenas con charlas polémicas, de demostrar quién tiene la razón. Pero las personas difíciles también merecen amor.
Que todos los sentimientos de tristeza, desamor, desconfianza y falta de esperanza se queden como un mal recuerdo. Y que el amor, la comprensión, la paciencia, la bondad y la fuerza del corazón se queden con nosotros durante todo 2019.
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