Traición.
Mirándola dormir el espurio le dijo a R: sé que te ves con P, ella me pidió que no se lo diga a tu novia.
Mi pulso se aceleró. No podía creer lo que oía. Pero no dudaba un ápice de mis sentidos. Lo que oí, fue lo que dijo. Esperé cinco minutos y fingí despertarme para irnos a casa. Eran las 05:30 AM. ¿Qué culpa tenía yo de ser tan inocente y comprensiva? Siempre he sido fiel a mi novio, y escuchar eso me mató una parte del alma.
Le dije que nos fuéramos. "Espera que termine esta cerveza". No, vámonos ya. En el carro le pregunté qué había sido eso que oí. Calló.
Al llegar a casa, apagué el motor y lo miré a los ojos. Me dijo que era su amiga, prima del espurio, que conoció a inicios del segundo semestre de 2018, cuando todo se comenzó a ir a la mierda. No había nada de infidelidad, eran amigos, pero sí se había reunido a solas con ella para ir a tomar o comer. Le pedí que me mostrara el celular. Dudó un segundo y dijo: sí, revísalo, mi conciencia está tranquila.
En el intercambio de mensaje solo se apreciaba una patética necesidad de que ella le hiciera caso. Él era su cigarrero, su paseador, su lacayo. "Te extraño, vamos a hacer posada, que te lo pases bien, aquí están tus cigarros, estoy afuera". No merece una relación horizontal, honesta y diáfana como la que yo le ofrezco, pensé.
Eres mentiroso y deshonesto. No sabes respetarme. Te importa una mierda lo que yo sienta. Eso le dije.
Sigo con él, intento recobrar la confianza (en mí) y conocer a esta tipa, que con la mano en la cintura accede a salir con alguien a hurtadillas y fingir que es tan inocente... Y yo, la novia, tan injusta, tan celosa, tan loca, tan controladora, manipuladora y cruel. ¡Váyanse a la mierda que traen dentro!
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